¿Votarán los reyes en las próximas elecciones generales del 20-D?

Aquel 14 de diciembre de 1966, don Juan Carlos y doña Sofía inauguraron un estilo nuevo, que mantendrían posteriormente inalterable, a pesar de las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse aquellos años en el que España había celebrado el treinta aniversario de Franco en el poder. Fue, en efecto, el año en el que se elaboró el texto definitivo de la Ley Orgánica del Estado, cuyo objetivo —además de armonizar las leyes fundamentales— no era otro que definir la estructura del Estado que debía garantizar la supervivencia del régimen franquista sin Franco. Cerraba las puertas a cualquier sueño democrático y marcaba la senda por la que debía deslizarse sin remedio el futuro sucesor de Franco: sería un rey, ciertamente, pero con un papel muy diferente al que había desempeñado el general, ya que consagraba la división de poderes del jefe del Estado y del presidente del Gobierno.

Don Juan Carlos —que no fue designado como sucesor de Franco hasta julio de 1969— y doña Sofía ya eran plenamente conscientes en 1966 de que el general no daría paso jamás a don Juan como rey de España. Y en esos años padecían —y combatían— las consecuencias de la brutal campaña de promoción de don Alfonso de Borbón Dampierre que habían puesto en marcha los sectores más inmovilistas del régimen.

En este contexto, los príncipes se plantean la necesidad de acudir a votar la Ley orgánica de Estado, que sería sometida a referéndum el 14 de diciembre de 1966, después de haber sido aprobada por las Cortes, por aclamación, el 22 de noviembre anterior, aunque los procuradores no conocieron el contenido de la ley hasta el inicio de esa misma sesión plenaria.

A finales de noviembre, don Juan Carlos telefoneó a su padre para pedirle opinión, precisamente, sobre la oportunidad de que fuesen a votar. Y don Juan le trasladó su criterio, radicalmente en contra de participar en las votaciones, como explicó en una carta que le remitió inmediatamente después: los reyes no votan, porque tienen que respetar las leyes, fueran las que fuesen. Además, la propaganda oficial había convertido el referéndum en un acontecimiento de reafirmación a Franco, a su decisiva contribución al progreso económico y social de España, así como a la seguridad y el orden de los que gozaba el país.

Doña Sofía ha negado posteriormente que ella misma anunciara a don Juan su decisión de acudir a votar en ese referéndum. “No. Don Juan no hablaba de política con las mujeres, y tampoco conmigo. Con doña María hablaba de lo cotidiano, de la vida, de las cosas de la casa. Pero no de política (…) Nosotros fuimos a votar en 1966, porque en un referéndum la familia real siempre vota. No son votaciones de partido. Son cuestiones que afectan al Estado. Hemos votado en el referéndum de la Ley para la Reforma Política, en el de la Constitución, y en el de la OTAN. Todos”. Su presencia más reciente ante las urnas fue en junio de 2006, cuando acudieron a votar en el referéndum por el que España sancionaría el Tratado de la Unión Europea, la denominada Constitución Europea que finalmente no saldría adelante (sobre todo por la sorprendente negativa de Francia) y tuvo que ser sustituido por el Tratado de Lisboa.

Los reyes de España, que impulsaron la reforma de la ley desde la ley en 1975 y la transformación del régimen en un sistema democrático sustentado en los partidos políticos, se han mantenido fieles a la tradición de las monarquías democráticas al no participar en ninguna de las elecciones: ni generales, ni locales, ni autonómicas. Precisamente por eso, porque su función es sobrevolar los intereses partidistas, ejercer y acatar la legalidad, así como su papel moderador entre los poderes del Estado, en el caso del rey Juan Carlos.

Por todo ello, en las próximas elecciones generales del 20 de diciembre los reyes, los cuatro, no acudirán a dejar su papeleta a ningún colegio electoral.