Todos somos iguales ante la Ley

Culminado el periplo judicial de la demanda de paternidad presentada por la belga Ingrid Sartiau contra el anterior Jefe del Estado de España, el Rey don Juan Carlos, los interrogantes se amontonan: ¿cómo es posible que la sala del Tribunal Supremo admitiera a trámite una demanda tan pobre en argumentos, indicios o pruebas?, ¿qué pretendía realmente la demandante?, ¿a quién ha podido sorprender ahora su archivo?, ¿puede permanecer la sospecha en torno al Rey don Juan Carlos?

Estas y otras cuestiones son las que he comentado hoy con un buen número de compañeros de profesión, sobre todo de medios extranjeros, sorprendidos por el archivo de una demanda que, sinceramente, no se sostenía desde ningún punto de vista.

Pero, ciertamente, si hace aproximadamente un mes (el 4 de febrero) era admitida a trámite por los magistrados de la Sala Civil del Tribunal Supremo, por seis votos contra cinco, podría haberse generalizado la idea de que se trataba de una demanda, si no nueva –porque ya era conocida desde hace años–, sí sólida en cuando a su argumentación y la presentación de hechos que pudieran al menos inducir a la duda.

Quienes tuvimos la oportunidad de leer el contenido la demanda que presentó Ingrid Sartiau, después de contrastar la opinión de distintos expertos juristas, teníamos la impresión de que la lógica auguraba el archivo inmediato del caso. Sin embargo, dada su admisión a trámite y a la vista de la experiencia reciente en otras causas, en las que los magistrados han seguido caminos muy diversos e incluso contradictorios, he de reconocer que mantuve una cierta cautela acerca del devenir de este caso.

¿Pero cómo fue posible que los magistrados diesen crédito o advirtiesen indicios de verosimilitud en torno a un rosario de conjeturas incongruentes?
¿Fue el ambiente social y político lo que les indujo a admitir a trámite una demanda de ficción?, ¿quisieron realmente evitar una supuesta crítica generalizada a la posible interpretación de que la Justicia en España sirve intereses concretos?, ¿que la Justicia no es igual para todos?

El pleno de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha dado carpetazo definitivamente a la sombra de la duda, con una contundencia inexorable: por siete votos a tres. Y lo que no alcanzo a comprender es cómo pudieron albergar duda alguna esos tres magistrados, a la vista del contenido de una demanda que únicamente ha ofrecido eso… ¡conjeturas!

La belga Ingrid Sartiau, cuya reclamación ha ocupado ciertos espacios informativos desde hace años, ya ha tenido su “momento” de gloria. Si era lo que buscaba, que es probable, ya lo ha conseguido. Pero no ha sido capaz, si quiera, de rebatir uno de los muchos argumentos que ha elevado el Rey don Juan Carlos en defensa propia ante la Sala por medio de sus abogados.

Es evidente que existen los “juicios paralelos”. El dicho tan extendido de “difama que algo queda” es un hecho cierto, lamentablemente. Pero don Juan Carlos ha salido airoso siguiendo el trámite establecido para todos los ciudadanos de España, porque “todos somos iguales ante la Ley”. Y sólo cabe esperar que, agotado el trámite, ya no quede ni un mínimo espacio para la duda.

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