Juan Carlos I, ni pluscuamperfecto ni tan imperfecto

Es cierto que hemos estado décadas escuchando noticias, leyendo crónicas, sobre un rey —Juan Carlos I, hoy emérito— pluscuamperfecto. Tanto, que no parecía humano.

Tan cierto, como que ahora llevamos ya unos cuantos años sabiendo solo de él por sus imperfecciones.

Pues lo siento, pero no estoy de acuerdo ni lo uno ni lo otro. Juan Carlos I ni es pluscuamperfecto ni solo imperfecto. Por esa razón escribí “Palabra de Rey” (Espasa 2012), para acercar la vida y obras del rey Juan Carlos a mi generación, ya cuarentona —y a las generaciones más jóvenes—, que no tenemos recuerdos vividos de la Transición española. Una etapa gracias a la cual se nos devolvió, al pueblo, los poderes que el dictador, Franco, había hecho suyos.

La virtud está en el medio, como reza el refranero.

Sirvan estas líneas para situar la noticia que leí, con verdadera sorpresa, el pasado domingo, día 3, gracias a la inmediatez de los medios digitales. La información alertaba sobre un “manotazo a la alcachofa” —micrófono, para el común de los mortales—, del rey Juan Carlos, con grito incluido a un colega periodista –“¡quita ese micrófono de ahí!—, rememorando aquel célebre “¡por qué no te callas!” que espetó en una cumbre internacional al entonces presidente de Venezuela.

Los hechos se produjeron el Día de la Madre en el circuito de Jerez, donde se celebraba la carrera del Campeonato Mundial de Motociclismo, momentos antes de la prueba de Moto 3, mientras el monarca emérito paseaba por el paddock, durante un breve y amigable encuentro con Ángel Nieto.
En ese momento, el periodista Nico Abad, que retransmitía el evento para Mediaset, puso el micrófono entre nuestro campeonísimo y el rey Juan Carlos… Y fueron decenas los medios que informaron sobre un manotazo del Rey al micrófono de mi colega de Telecinco, mientras espetaba: “¡Quita el micrófono de ahí!”.

Defraudado por el comportamiento del Rey emérito me apresuré a ver las imágenes del sucedido… Pero nada de eso había ocurrido…
Y después de visionar la escena varias veces en distintos medios, me ha asaltado la pregunta más lógica, en mi opinión: ¿A quién beneficia este tipo de informaciones que no responden a la realidad? A nadie, sin duda. Ni al protagonista, el rey Juan Carlos; ni a los periodistas, ni tampoco a mi país.
Errar es de humanos; y errando, errando… al acierto nos vamos acercando.