Felipe VI, de vuelta a la Universidad de George Town

Doña Sofía ha seguido siempre muy de cerca todos los aspectos de la formación de sus tres hijos. Y es evidente que ella y su marido hablaron en numerosas ocasiones del itinerario que, en este sentido, había realizado don Felipe, el príncipe heredero. “De pequeño —confesó la reina Sofía—, entre todos lo habíamos malcriado. Le gustaba dormir mucho, y madrugar poco. Tenía tendencia a la comodidad, al capricho, a hacer lo que le daba la gana, a salirse con la suya… Por eso, convenía exigirle. Y nos planteamos enviarle a un internado fuera y lejos. Que pasara por ese ‘potro’ antes de ir a las academias militares. Piensa que en las academias: ¡tararííííí!, suena la corneta y, si te quedas en la cama, se te cae el pelo”.

En aquellas conversaciones don Juan Carlos y doña Sofía evocaron sus años de la adolescencia y sus diferentes destinos… Ella, en Salem, lejos de Tatoi, donde se formó en la disciplina, el orden y la exigencia personal. Y él, el rey, en España desde los nueve años, también lejos de su familia, en una extraña soledad.

La vida del príncipe Felipe había transcurrido en un ambiente absolutamente distinto, sí. Y después de doce años en el Colegio de Los Rosales de Madrid, sus padres estimaron muy oportuno que pasara, también, la prueba de la educación en la disciplina. Lejos, muy lejos. Aunque por un periodo más breve que el que habían experimentado ellos.

En marzo de 1984, durante el viaje que realizaron los reyes a Canadá, doña Sofía visitó personalmente el Lakefield College, centro del que habían tenido información acerca de su prestigio y de la educación que recibían sus alumnos, caracterizada por la disciplina… “Fue muy duro. Estaba lejos, con mucho frío, a veintitantos grados bajo cero, sin amigos, sin familia. ‘¡Qué frío estará pasando mi niño!’, pensaba yo. Pero volvió hecho un hombre”, reconoció Sofía. Hasta allá viajó don Felipe, con su madre en septiembre de 1984 para realizar el curso equivalente al COU del sistema educativo español; y para perfeccionar su inglés, claro.

E inmediatamente después, al comienzo del curso siguiente, la formación militar. Un empeño de los reyes, en efecto, porque la opinión del Gobierno —que presidía Felipe González— era distinta. Creían que antes de acudir a las academias militares, el príncipe debía pasar por la universidad, como en su día había opinado don Juan… Aunque Franco dijo todo lo contrario y don Juan Carlos pasó antes por las academias que por la universidad. Por eso, don Juan Carlos insistió, ahora en relación con su hijo, en que debía ser al revés: “Yo les decía: ¿Pero qué sentido tiene que un hombre, con su carrera ya terminada y el título universitario en el bolsillo, se meta a vivir entre cadetes, atendiendo al toque de diana y a hacer marchas…? ¡No lo aguanta, coge el portante y se larga!”.

A primeros de septiembre de 1985, don Felipe ingresó en la Academia Militar de Zaragoza. Había regresado de Canadá hecho un hombre, a los ojos de su madre, que realizó uno de sus ejercicios de autocontrol más rigurosos para no mostrar públicamente su emoción —y probablemente sus lágrimas— durante el solemne acto castrense celebrado en la Academia de Zaragoza el 11 de octubre de ese mismo año, en el juró bandera don Felipe.

“El ejército, la disciplina, fue fundamental. Eso es lo que te hace ser libre: someterte a una disciplina, saber dominarte a ti mismo. Si no, estás perdido”. Y don Felipe, como don Juan Carlos, también pasó por las tres academias —tierra, mar y aire—… “Por eso quisimos que nuestro hijo también se formara en los tres ejércitos, como un cadete más, o como un alférez más, o como un guardiamarina más”.

Después, completaría su formación en la Universidad americana de Georgetown cuando con 27 años se graduó de un máster en Relaciones Internacionales entre 1993 y 1995, años en los que pasaba desapercibido por las calles americanas.

El pasado miércoles 16 de septiembre ha visitado por primera vez como Rey su universidad. Allí explicó la alegría de volver con su mujer, la Reina Letizia, a la que “he aburrido” contándole tantas veces mis historias en esta universidad.