Discreta y enamorada

Discreta. Esta es la palabra que mejor sintetiza, en mi opinión, la vida y las obras de Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón, la Reina Fabiola de los belgas (1960-1993) y de la Reina Fabiola de Bélgica (desde 1993 hasta su fallecimiento).

Aquella adolescente, a la que sus seis hermanos llamaban “la Reina” —y a la que posteriormente sus sobrinos la querían como “tía Queen”—, era discreta, nada retraída; muy pendiente de las inquietudes de los demás, nada egoísta; alegre, soñadora, sensible y cumplidora, incluso más allá de las pequeñas obligaciones propias de una niña que se formaba en el seno de una familia numerosa. Así era la española que nació el 11 de junio de 1928 en el Palacete de Zurbano de Madrid, residencia de los Condes de Mora y Marqués de la Casa de Riera; la que residió, soltera e independiente, en un apartamento de la calle Bárbara de Braganza a finales de los años cincuenta, la que residió junto a su esposo Balduino Rey de los belgas en el Palacio de Leaken (1960-1993) y la que consumió las últimas décadas de su vida en el Palacio de Stuyvenberg como viuda y Reina de Bélgica.

Ávila, como llamaba a Fabiola el Rey Balduino —en honor a Santa Teresa—, tenía 30 años cuando mantuvo su primera conversación con la irlandesa Louis-Mary O’Brien. Fue en Madrid, en salón de su piso de Bárbara de Braganza. Y así describe su primera impresión Miss O’Brien: “La puerta se abre. Ávila entra y con ella ‘una bocanada de aire fresco’. Alta, delgada, buen tipo, rostro ‘good looking and striking’ [bonita y sorprendente], llena de vida, de inteligencia, de entusiasmo, de rectitud, de claridad. Cara ovalada, cabello abundante, castaño claro, bonita frente. Boca bien dibujada, bastante grande”.

Discreta, en efecto. Y con un algo grado de humildad, virtud que compartió en vida con su esposo el Rey de los belgas. De ahí, fundamentalmente, que tanto el Rey Balduino como Fabiola de Mora y Aragón se hayan llevado unos cuantos secretos de su vida a su nueva morada —la que les reúne de nuevo—, la morada eterna.

Entre ellos, por ejemplo, el que se refiere al noviazgo que mantuvo Fabiola en Madrid, pocos años antes de conocer al Rey Balduino. Ella jamás hizo mencionó este episodio de su vida, salvo a sus familiares más próximos. Su hermana Mari Luz, con la que compartió su vida entera, seguramente conoció con detalle estos extremos. Pero sí menciona ese noviazgo colateralmente el cardenal Léon Joseph Suenens en el libro en el que desvela el milagro de Lourdes, que explica el compromiso entre la aristócrata española y el Rey Balduino. El cardenal pone en boca de Miss O`Brien el siguiente relato:

“Habla [Fabiola] de su familia, especialmente de su padre, que ha muerto con la sonrisa en los labios diciendo, medio en broma, estas palabras de despedida: ‘Mi equipaje está preparado’. Habla también de sus deportes favoritos. Enseguida nos sentamos a la mesa, abundantemente preparada, para tomar el té; pide excusas por la abundancia, pues pensaba que iba a recibir ¡a colegialas inglesas de quince años! Había entendido mal en el teléfono de quién se trataba… ¡Y menos todavía de qué asunto! Cuenta que había renunciado a casarse con un joven diplomático que se había marchado a Washington ‘porque mi vida está arraigada aquí’. Atreviéndome a hacerle otras preguntas, le digo: ‘¡Cómo es que ha conseguido esquivar el matrimonio hasta ahora?’ Respuesta: ‘Ya ve, I have never fallen in love up to now’ [por el momento nunca me he enamorado]. He dejado mi vida en manos de Dios, en Él me he abandonado. Quizá Él me tenga algo preparado”.

Se han escrito varias teorías en torno al joven diplomático que propuso matrimonio a Fabiola antes que el Rey de los belgas. Sin embargo, todo son especulaciones…

Otro gran secreto, jamás desvelado, es el que se refiere al noviazgo entre Fabiola de Mora y el Rey Balduino de los belgas… ¿Cuándo se conocieron?, ¿en qué ocasiones tuvieron oportunidad de tratarse antes del verano de 1960, cuando ya se comprometieron en Lourdes?
Nadie sabe nada a ciencia cierta. Sin embargo, de los propios escritos del Rey Balduino se desprende que en el verano de 1960, en Lourdes, él recibe el beneplácito de Fabiola a su propuesta de matrimonio… Pero no había sido su primera propuesta. Así lo dejó escrito el joven Rey de los belgas:
“De repente, cuando nada hacía prever esta reacción, Ávila me pregunta si podemos pararnos a rezar tres avemarías a la Virgen para agradecerle todas las delicadezas y su amor por nosotros. Después de lo cual, iniciamos de nuevo la marcha; fue entonces cuando Ávila me dijo: ‘Esta vez es sí y ya no me volveré atrás’. Era demasiado bonito; tenía ganas de llorar de alegría y gratitud a nuestra Mamá del cielo, que había hecho un nuevo milagro, y a Ávila, que se había dejado guiar dócilmente por la mano de Nuestra Señora de Lourdes. Eran, me parece, las dos de la tarde y habíamos quedado hacia esa hora con mi amigo y con Yvette. Nos ven llegar del brazo y Ávila les anuncia que somos novios”.

“Esta vez es sí y ya no me volveré atrás”… Lógicamente, la frase encierra una historia reciente: las sucesivas peticiones de noviazgo formal —que en su código de conducta significa la antesala del matrimonio— formuladas por el Rey Balduino y rechazadas sistemáticamente por Fabiola. Ella, como es sabido, deseaba seguir viviendo en España. Además, tenía dos años más que su regio pretendiente. Y al mismo tiempo, tampoco se consideraba preparada para ser reina… Pero finalmente aceptó, probablemente después de dos años y medio de noviazgo en la discreción más absoluta. Y fue reina. Y reinó. Y ha muerto siendo reina, no de los belgas, sino de Bélgica. Con el respeto y el cariño de la inmensa mayoría de los belgas, de la inmensa mayoría de los españoles.

La vida de Fabiola es la historia de una permanente discreción, solo interrumpida, inevitablemente, por sus continuas iniciativas de solidaridad. O, más bien —porque es anterior en el reloj de la historia—, de sus continuos actos de caridad.